La vida no es justa.
Antonio Chéliz Cazcarra • 5 de junio de 2018
La princesa prometida. William Goldman. Ático de los libros.
Muchos libros han tenido por objeto adoctrinar, guiar, adelgazar o ir tirando. Los que más nos han gustado nos han llevado lejos. Este nos deja chupando un palo sentados sobre una calabaza. La vida no es justa: mucha gente no leerá, no poseerá, no vivirá esta histroria.

Literatura es eso tan sencillo que se da cuando alguien tiene algo que contar y sabe hacerlo. Pallaruelo cuenta una familia inventada en una ciudad tan parecida a Huesca que la llama Sertoria, presenta a unos amigos que resultan familiares y escribe cartas. Literatura es eso tan sencillo que hace sentir que se descubre lo que, incluso, se sabía.

Si las primeras sociedades agrícolas domesticaron un pequeño número de especies, que hoy son las más abundantes, mediante selección genética, las finanzas han domesticado el valor y lo han llamado precio mediante el mercado. Hoy causan más hambre las crisis financieras que las agropecuarias. El pasado de la plata del Potosí y el futuro del Brexit, pasando por la resurrección de Harley Davidson, están aquí.

Leer un libro como este es un baño de humanidad frente al colonialismo digital. Michael J. Sandel también ve en la modernidad una falta de crítica ética al presente sin dar previsiones de futuro. Es posible que sobren gurús y falten preguntas. Que sobren respuestas y que idealicemos un futuro donde el ganador se lo lleva todo y sus empleados no cobren.

Akademeia es una obra sui géneris. No se le pone etiqueta pero se disfruta desde el primer párrafo: Los últimos sacan un Olé! del alma; los personajes gustan tanto que muchos podrían elegir el asesino sin rubor. Solo queda claro que los trabajadores universitarios pasan muchas horas en el bar, lo que les proporciona tramas y les resuelve enigmas.

El editor de Xordica ha dado con una joya. Caer en Broto en 1978 siendo Teresa Pàmies y contarlo es hoy una lectura de placer inigualable. Los caminos están en el mismo sitio, los tábanos pican igual, las montañas, los bosques, no han cambiado mucho. Pero la mirada es distinta. La autora habla de la escuela rural, de sentimientos sobre lo catalán y otros aspectos de un mundo que reconoceran quienes lo vivieron y podran imaginar quienes no. El mundo no cambia, solo nuestras ideas.




